domingo, 24 de diciembre de 2017

Navidad 2017, Celso Peyroux

Las gentes del desierto, las generosas y humildes gentes de este mar de arena que me rodea no conocen esta palabra. Mejor así. Es decir, si significara solidaridad, altruismo, un acercamiento a la cultura de la pobreza sería mi voz preferida. Sería aquella palabra que no se quedaría muda entre los labios. Una canción de cuna como los trinos que Antonio el aviador cantaba y dibujaba a un príncipe-niño apostado en una duna mientras se dormía  acariciando una rosa.



Pero ¡ay de mi! la Navidad tal y como la vemos en estos días de ojos bizcos y córneas torturadas carece de sentido si no son esos momentos plácidos cuando nos acercamos a los nuestros.
No es más feliz el que más tiene si no el que menos necesita. Lo veo, lo escucho en el sirocco, lo palpo con solo poner la palma de la mano sobre la piel de la arena. Con solo mirar los dátiles profundos que tienen estos niños saharauis en los ojos plenos de PAZ
Celso Peyroux

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