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viernes, 12 de mayo de 2017

El desván de los vencejos azules, nuevo libro de Celso Peyroux

Celso Peyroux presenta en Oviedo y en Gijón su nuevo libro, El desván de los vencejos azules

Celso Peyroux: El desván de los vencejos azules

El acto en Oviedo, tendrá lugar a las ocho de la tarde del miércoles 17 de mayo en el Club de Prensa de La Nueva España. 
El acto en Gijón, tendrá lugar, también a las ocho de la tarde, del martes 23 de mayo, en el Antiguo Instituto Jovellanos.

"Después de ocho años de silencio narrativo vuelve el autor
de La sombra de un Dios ausente, El manuscrito azul, Hasta que en el cielo toquen las aves y Lobos de luna negra con una nueva entrega de ficción y prosa poética  en su estado más puro y deleitoso.
De la mano y pluma de sus maestros preferidos,
de quienes se considera su discípulo: José Saramago con su humanismo social “Se hace necesario avanzar hacia atrás para recoger a quienes se quedan por el camino”
y “la indignación sin violencia y la insurrección pacífica”
de José Luis Sampedro, nos presenta en
El desván de los vencejos azules
la alquimia mágica y misteriosa del cuento;
el embrujo de la leyenda trepando por
el muro de un castillo en busca del suceso fabuloso y el relato costumbrista del mundo rural y sus druidas en el País de Siempre y un Día. Celso Peyroux no establece apartados definidos,
dejando como premisa
la complacencia de la lectura y que vuelen sus páginas–como las alas del vencejo azul– para que sea el lector quien escoja, en libertad,
el lugar literario preferido.
No obstante, el conjunto de la obra mantiene una unidad, en el tiempo y en el espacio, teniendo como escenario  los valles verdes y luminosos de Falgueiro, en las Tierras del Norte." 
Contraportada del libro editado por Tebrigam Diligentes

Libro: El desván de los vencejos azules, Celso Peyroux

LAS  SOMBRAS   DE  LA  NOCHE*
Celso Peyroux

     Si la bocamina era el pórtico hacia la oscuridad inmensa y el adiós a la luz del día, la infancia, como el lucero del alba, era el umbral de secuencias que se remontan a lo que uno ha sido y al  sentir y vivir de quienes  trabajaron, penaron y murieron en las galerías de la noche eterna en las tierras donde nos nacieron.
     La verde alfombra de Falgueiro se extendía por tres frondosos valles en el País de Siempre y un Día. Era un bello solar rodeado de altas montañas cuyas cumbres besaba la nieve en tiempo de invierno; reían los ríos entre los alisos, cantaba el urogallo en los hayedos, alegraban los cielos las golondrinas y los vencejos azules con sus vuelos; olía el aire a heno y manzanilla y, por la seronda, se cubrían las hojas de los árboles de amarillos ocres y colores bermejos para llevárselas el viento en melodiosos torbellinos dejándolas con suavidad caer en el suelo. Era un lugar mágico y apacible donde –como en todas partes– también rondaba la muerte.